Estudio del sistema cardiovascular

Charles-Rafael PAYEUR
© Éditions de l'aigle

Aviso

El autor de este estudio no da recomendaciones médicas, ni propone ninguna técnica a modo de tratamiento. Al contrario, recomienda al lector que pudiera encontrarse frente a un problema de salud que se dirija a un médico competente que es el único habilitado a dar cualquier consejo en cuanto al diagnóstico o la elección de la intervención terapéutica conveniente. Charles-Rafael Payeur no propone más que un acercamiento simbólico del cuerpo humano y una lectura psico-espiritual de las numerosas patologías que pueden afectarlo, con el fin de llevar al lector al desarrollo de una higiene de vida mejor o de permitirle una cooperación más eficaz, si se da el caso, con su médico de cabecera. Si usted usa alguna información contenida en esta obra, para lo cual está en todo su derecho, esto no le obliga más que a usted y tanto el autor como el editor declinan toda responsabilidad en cuanto a las posibles consecuencias de sus actos.

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Sección I: Simbolismo

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I. Anatomía

Para entender mejor la importancia capital del sistema cardiovascular, nos interesaremos principalmente, en cuanto a su simbolismo general, por el órgano que lo compone: el corazón. Varios elementos anatómicos nos permitirán de este modo, una mejor definición de lo que precisamente encarna. Como lo hicimos en nuestros estudios anteriores, nos detendremos, obviamente, en algunas consideraciones generales, para emprender luego un análisis más detallado de ciertos elementos macro y microscópicos que lo caracterizan. Seguidamente, también tocaremos brevemente, el simbolismo de los vasos sanguíneos muy estrechamente vinculados al corazón.

A. Corazón

Para comprender mejor el simbolismo del corazón está claro que hay que considerar, primero la forma general que adopta, el ser es siempre el revelador de la naturaleza profunda del órgano y de las funciones que se le asocian. Sabemos perfectamente que la forma no es nunca arbitraria y que nos proporciona siempre elementos valiosos para captar mejor lo que encarna una estructura anatómica, sea cual sea. Así hallaremos en este nivel elementos que pueden orientarnos oportunamente y con vistas a una mejor comprensión del funcionamiento cardíaco. Como lo hemos venido haciendo, estableceremos también una analogía entre el órgano estudiado y un elemento capaz de aclararnos las cosas. [6] En el caso que no ocupa, desarrollaremos lo más naturalmente posible el simbolismo del alma y veremos en qué se hace esto revelador. Pero antes, examinaremos precisamente lo que la forma general del órgano nos da a entender en cuanto a sí misma.

1. Forma del órgano

Al término de nuestros análisis anteriores, sabemos efectivamente que la forma adoptada por un órgano es siempre portadora de sentido en la medida en que, dicha forma lo establece en una condición existencial dada; ahora bien, la del corazón se parece a un cono, figura geométrico que es el resultado de la asociación del círculo de base y de una recta axial, como lo precisa el Dr. Francis Lefébure:

"Es verdad que dicho cono no es perfectamente regular, lo que permitió a los anatomistas de distinguir en él varias caras. Pero esas caras no son planas, son abultadas y se articulan por los bordes redondeados, en realidad un simple aumento de la curva. El estudio de los detalles no tiene valor más que si nos permite fortalecer nuestra percepción del conjunto; de no ser así, más vale una mirada superficial pero realizada con sentido común. [...] Dejemos pues al cirujano la labor de hallar las caras del corazón para facilitarle la intervención. Pero nosotros al buscar las leyes que relacionan las formas de la naturaleza, admiremos cuán casi perfectamente cónico es el corazón, particularmente durante la sístole."

(Francis Lefébure, Les Homologies, Le Courrier du Livre, Paris, 1978)

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Figura I. La forma general del corazón

Así pues la forma general del órgano resulta de la unión de un círculo de base y de una recta axial, lo que es ya en sí bastante interesante. Recordemos efectivamente que los antiguos han asociado siempre la masculinidad al segmento de la recta y la feminidad al círculo. A modo de ejemplo, uno puede darse cuenta fácilmente de que el falo se caracteriza por una forma esencialmente rectilínea, así como los otros miembros del cuerpo asociados al principio de relación (principal característica masculina) los brazos, las piernas, los dedos... En esto se opone a la forma esférica del fondo de la cavidad vaginal que en su repliegue, rodea la extremidad del útero, también circular. Esta forma circular se halla por otra parte en las partes del cuerpo asociadas al principio de recepción (principal característica femenina): los ojos, las orejas, la cabeza...

En un plano microscópico, los gametos masculinos conservan el mismo carácter rectilíneo. De este modo, el espermatozoide [8] tiende hacia un segmento de recta más que ninguna otra célula del cuerpo, incluso las células nerviosas, adoptan una apariencia arborescente por la presencia de dendritas. Si proseguimos nuestra relación de simetría, con el principio femenino, el óvulo se presenta en forma casi esférica. Podemos, incluso llegar a afirmar que ninguna otra célula del organismo se acerca tanto a una esfera perfecta como el óvulo.

De lo cual cabe concluir, que en cuanto a su apariencia general en forma cónica, el corazón evoca un proceso de unión entre el principio masculino: emisor, y el principio femenino: receptor; el corazón evoca la capacidad a colocarse [9] en actitud de donativo (evocado por el principio masculino) y de recepción (encarnado por él principio femenino), por tanto, muy pronto se le asoció a una dinámica de vinculación, concretamente, a las realidades del amor, una experiencia que puede resumirse efectivamente por un darse a sí mismo y un recibir al otro. Tendremos la oportunidad de volver a esta dimensión esencial del corazón, a lo largo de nuestro estudio.

2. Analogía con el alma

Por evocar un proceso de unión entre los principios masculino y femenino, los hermeneutas establecen en estrecho vínculo entre el corazón y el alma, al estar compuesto el hombre de espíritu, de cuerpo y alma, según los fundamentos de la antropología ternaria. ¿Y por qué esta asociación? Esencialmente porque el principio masculino se ha relacionado siempre con el espíritu que se caracteriza por una naturaleza emisora y activa, mientras que el cuerpo se asocia, tradicionalmente con la dimensión femenina en cuanto a su carácter fundamentalmente pasivo y receptivo. El espíritu es en efecto, la dimensión interior del ser, dirigida naturalmente hacia el exterior, en dimensión complementaria. Por lo tanto, transmite la vida que recibe de Dios hacia el cuerpo. En cuanto al principio femenino, se le asocia tradicionalmente, al cuerpo que es una dimensión del ser ontológicamente receptiva. Al ser pura exterioridad, está llamado efectivamente a volcarse hacia el interior, su dimensión complementaria. Si el espíritu transmite la vida, el cuerpo la recibe plenamente.

En cuanto al alma, esta es el resultado de la unión dinámica entre el cuerpo y el espíritu, es "el espíritu dominando el cuerpo", para tomar una expresión [10] cara al Padre Varillon (cabe precisar sin embargo, que no creía al parecer existir cierta confusión entre el alma y espíritu). Ahora bien, el cuerpo no se limita a la dimensión física, como muchos lo imaginan, sino que reviste también un aspecto energético, emocional y mental. De este modo, la unión del espíritu y del "cuerpo energético" asegura su vitalidad al organismo; la unión del espíritu y del "cuerpo" emocional se encuentra al origen de los sentimientos, de las emociones, de los afectos y de los deseos, mientras que la unión del espíritu y del "cuerpo mental" es responsable de las facultades cognitivas como el pensamiento, la inteligencia o el entendimiento... El alma, en el sentido tradicional de la psiquis, del ánima, se podría definir por consiguiente, como el conjunto de las facultades energéticas, afectivas y mentales del hombre, dimensiones psíquicas todas ellas y ahí está lo admirable, que evoca también el corazón.

En efecto, el corazón está íntimamente vinculado a la vida, por ser sin lugar a dudas el centro vital por excelencia del organismo, puesto que asegura la circulación sanguínea, principio de vida. Por otra parte, el paro cardíaco es una de los primeros síntomas de la defunción. Expresiones literarias tales como "clavar el corazón" para significar "matar", o "mientras me lata el corazón" para decir "mientras viva", son por eso elocuentes. Digamos además, según las palabras de Plinio, que la muerte era consecutiva a la degeneración del corazón:

"la ciencia le había llevado efectivamente a admitir que cada año, el corazón del hombre adquiere cada año un suplemento de peso de aproximadamente dos dracmas – es decir, alrededor de ocho gramos – que también pierde a partir de cierta edad a [11] razón de dos dracmas por año. Resulta de ello que "por falta de corazón" es por lo que el hombre no sobrepasa los 100 años…"

(Jacques Bril, Petite fantasmagorie du corps, essais Payot, París, 1994)

El alma rige así mismo las facultades emocionales que llevan al hombre a experimentar sentimientos, emociones y deseos. Por eso fue siempre considerada como el lugar de esas facultades por las tradiciones antiguas. Un sencillo diccionario da testimonio de ello de manera muy explícita:

1° El corazón es metafóricamente, el lugar de los sentimientos y emociones. "agitar, hacer latir el corazón" significa "emocionar", "el corazón apretado" "un dolor, una pena que arranca, parte, revienta, hincha, clava, aprieta el corazón". "Tener el corazón henchido de pena". "Tener rabia en el corazón". "Corazón que suspira no tiene lo que aspira". "El frío y el temor hielan el corazón". "Tener el corazón alegre"...

2° El corazón es el lugar del deseo, del humor. "Aceptar, confesar de buen grado, con todo el corazón, con el corazón en la mano, con el corazón alegre". "De todo corazón": con todas las fuerzas. "Si tiene el deseo, o las ganas de ello, el gusto. "Tener o tomar algo de corazón": Tomar en algo un interés apasionado. "No tener el corazón para nada"...

3° El corazón es el lugar de los afectos, sentimientos, pasiones) "Los sentimientos que experimenta o siente el corazón. "Escuchar al propio corazón". "Tener el corazón tierno, sensible, fiel: "Un corazón que rebosa de ternura". "Llevar a alguien en el corazón". "Amigo de corazón"

(Petit Robert, Diccionario alfabético y analógico de la lengua francesa, París 1976)

En fin, el corazón reacciona a las facultades cognitivas, como el pensamiento o la inteligencia. Está íntimamente vinculado al conocimiento y a la expresión popular "quiero tener el corazón seguro", utilizada para expresar el deseo de entender algo particular, es elocuente. [12] Citemos también fórmulas como: "aprender, conocer, saber, retener o recitar de memoria, (francés par coeur) de corazón. Está claro que el conocimiento del que se trata aquí difiere fundamentalmente de un saber racional, dependiente exclusivamente de la razón cerebral. Un famoso proverbio nos confirma claramente: "el Corazón tiene razones que la razón desconoce". Más preciso aún, esa razón se equipara con la inteligencia intuitiva que para la antigua filosofía china, "brilla" en lo que se llama: "la caverna del corazón". En otra región bien distinta, en Ghana, Togo, Dahomey, los Ewés asentados allí preconizaban que el corazón era el lugar de la inteligencia.

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Tabla de correspondencias entre alma y corazón

Especificidad del alma

Especificidad del Corazón

-      El alma resulta de la unión dinámica entre el cuerpo (principio receptor) y el espíritu (principio emisor).

-      El corazón se parece a un cono, una figura que resulta de la unión de un círculo (principio receptor) y de una recta (principio emisor).

-      El alma está estrechamente vinculada con el principio de vida ya que todo ser vivo está dotado de un alma en el sentido tradicional de la palabra.

-      El corazón es el centro vital del ser humano que asegura la circulación sanguínea, principio de vida.

-      El alma rige las facultades emocionales que llevan al hombre a experimentar, emociones, deseos, sentimientos.

-      En el hombre se considera al corazón como el lugar de las emociones, pasiones, afectos y sentimientos.

-      El alma rige todas las facultades cognoscitivas, como el pensamiento, la inteligencia y la memoria.

-      El corazón está estrechamente vinculado con el conocimiento y la inteligencia intuitiva y la memoria.

-      El alma se asocia tradicionalmente con el tronco (espíritu, evoca la cabeza y el cuerpo, los miembros).

-      El corazón se sitúa en la parte superior del tronco, donde se considera órgano dominante.

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Por otra parte, el corazón es también el lugar de las emociones, las pasiones, de los afectos y de los sentimientos. Así pues, al convertirse en lugar de expresión del Espíritu Santo, esta dimensión emocional se transfigura obviamente para volverse principio de ternura y suavidad. Por eso intercambiaban antaño los enamorados, corazones de cera, dulce, plata, oro, para expresar el cariño y el afecto que los unía uno al otro. Un corazón, acompañado a menudo de una palomas decoraba además los regalos de boda tradicionales de los hogares rurales de toda Europa: jarras y platos, dobleces de encaje, braseros, salvamanteles, etc. aún hoy, sigue siendo el símbolo de la relación afectiva como lo atestiguan numerosas expresiones populares como "regalar el corazón, llevar a alguien en el corazón, conquistar un corazón, escuchar su corazón, corazón enamorado, corazón fiel o corazón cambiante"…

Finalmente, el corazón está estrechamente relacionado con el conocimiento, la inteligencia intuitiva y la memoria.

He aquí una tabla que resume esas correspondencias que acabamos de poner en evidencia entre el Espíritu Santo y el Corazón:

Cuadro de correspondencias entre el Espíritu Santo y el corazón

Especificidades del Espíritu Santo

Especificidades del corazón

-      El Espíritu Santo procede del Padre (principio emisor) y del Hijo (principio receptor).

-      El corazón es de forma cónica, figura que resulta de la unión de en círculo (principio receptor) y de una recta (principio emisor).

-      El Espíritu Santo "da la vida", en efecto, sopla la existencia y la vida en cada criatura.

-      Transfigurado por el amor, el corazón se convierte en principio de la vida mística. Es el lugar donde mora la divinidad en el hombre.

-      El Espíritu Santo encarna de manera privilegiada la ternura y el afecto expresado entre el Padre y el Hijo.

-      Transfigurado por el amor, el corazón se convierte en el principio de ternura y afecto uniendo dos seres.

-      El Espiritu Santo encarna la sabiduría. Es el Inspirador, El que ha hablado por los Profetas.

-      Trasfigurado por el amor, el corazón se vuelve principio de sabiduría inspirada y lugar de la revelación de la voluntad del Padre.

Finalmente, como fuerza mediatizadora, el alma sitúa al hombre, obviamente en relación con los demás. A ese respecto por los demás, ya San Irineo, en el siglo segundo, como lo antropólogos mas perspicaces de nuestro tiempo presenta el cuerpo, el alma y el espíritu como las tres funciones, las tres relaciones o incluso las tres maneras de ser del hombre. Por su cuerpo, el hombre está abierto al mundo y a la materia, por su alma está abierto al otro, a los demás hombres; por su espíritu, [18] está abierto a Dios. "Si el espíritu está abierto a Dios y el cuerpo al mundo, luego el alma está abierta al otro. Así, se vuelve al lugar privilegiado del amor, al confrontar su analogía con el corazón como órgano del amor por excelencia. [19]

 

B. Sistema cardiovascular
1. Posición Central

El corazón se sitúa en el centro del pecho, su lado derecho bajo el lado derecho del esternón y su punto bajo la tetilla izquierda. De alguna manera es el punto de encuentro entre la parte derecha y la izquierda del cuerpo, ahora bien, el lado derecho encarna, en la simbólica general del cuerpo, la dimensión activa mientras que el lado izquierdo evoca su aspecto receptivo. Por eso es por lo que numerosas culturas han asociado el lado derecho al principio masculino y el izquierdo al femenino. Así, ciertos comentarios de rabinos predican que el primer hombre (Adán) era no sólo andrógino, sino también hombre del lado derecho y mujer del izquierdo. Dios lo partió en dos cuando los creó hombre y mujer. La Edad Media cristiana no escapó a esta tradición, según la cual el lado izquierdo sería el lado de la hembra, opuesto al derecho que sería macho". [20]

A partir de ahí, encontramos el corazón como lazo de unión entre dos realidades complementarias. Es por otra parte, desde el punto de vista biológico, el órgano central por excelencia el estar situado en el punto de equilibrio entre los polos opuestos de sistema respiratorio y del sistema digestivo.

 

[23]

Su posición central me ha llevado así mismo a situar este órgano desde una perspectiva más metafísica, entre la realidad del yo y la del otro. Como músculo que es, encarna una dinámica de unión participativa entre yo y el otro, entre yo y el otro del todo. Tenemos por lo demás una evocación bastante elocuente de ello en un plan puramente biológico, ya que este órgano rige la circulación de la sangre entre la célula y el mundo exterior. La célula evoca no obstante desde antiguo, el yo como estructura portadora de la identidad genética que caracteriza al individuo. Gracias a la acción dinámica del corazón, dicha estructura se pondrá en relación con el otro, o sea con el que se sitúa fuera del organismo. En efecto, el aire inspirado por los pulmones y las sustancias nutritivas asimiladas por el sistema digestivo encarnan los recursos del otro (simbolizados por el oxígeno y los nutrimentos). Dichos recursos serán pues llevados hasta lo más intimo de la célula (del yo) que a su vez, repartirá sus propios productos (el dióxido de carbono, sobretodo) que se darán al otro. Así pues, el corazón asegura una verdadera dinámica que podemos resumir en el esquema siguiente:

La posición del corazón entre yo y el otro

La célula

El Corazón

El exterior

El yo

Dinámica de unión participativa

El otro

 

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2. Estructura binaria

Un espeso tabique central divide el corazón en dos mitades, la derecha y la izquierda. Este órgano funciona pues como dos válvulas separadas, sirviendo la derecha de la válvula pulmonar y la izquierda de válvula sistémica. ¿A qué se refiere esto en el plano simbólico? Por supuesto, a las dos funciones características del corazón asociadas al dar y recibir. En efecto, la parte derecha del corazón se inscribe esencialmente en una dinámica de exteriorización o donación, mientras que su parte izquierda está asociada a una dinámica de interiorización o recepción. Veamos esto más en detalle.

La parte derecha del corazón encarna esencialmente una dinámica por la cual la sangre que proviene de los tejidos de la célula (que simboliza el yo) penetra en la aurícula derecha y se dirige hacia el ventrículo derecho para ser orientada hacia los pulmones. Ahí es donde libera el dióxido de carbono, producto de la actividad metabólica. Este proceso evoca lo más natural del mundo, una dinámica de donación por la cual ofrecemos al otro un poco de lo que somos. He aquí un esquema de la circulación sanguínea asociada al lado derecho del corazón:


Figura II. La circulación sanguínea asociada al lado derecho del corazón.

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En cuanto a las funciones asociadas al lado izquierdo, éstas se inscriben en una dinámica de recepción puesto que la sangre cargada de oxígeno (una sustancia llegada del exterior) penetra en la aurícula izquierda para ser dirigida posteriormente hacia el ventrículo correspondiente que la orienta hacia el conjunto de las células del organismo. A partir de ahí, este proceso encarna una dinámica de recepción del otro y se interiorización. He aquí un esquema representativo:

Figura III. La circulación sanguínea asociada al lado izquierdo del corazón.

Estructura binaria del corazón

Parte derecha del corazón

Parte izquierda del corazón

Yo me doy al otro.

Recibo al otro en mí.

 

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Tras este análisis, podemos establecer la síntesis siguiente en cuanto a la problemática psicológica del corazón:

Las cuatro cavidades del corazón y sus problemáticas psicológicas

Aurícula derecha
(Aire)

-      Salgo de mi aislamiento para dirigirme hacia el otro (con vistas a revelarle lo que soy).

Aurícula izquierda
(Agua)

-      Me abro a los recursos que propone el otro (con vistas a alimentarme y crecer).

Ventrículo derecho
(Fuego)

-      Irradio plenamente lo que soy frente al otro, teniendo a este respecto una función de testimonio.

Ventrículo izquierdo
(Tierra)

-      Utilizo los recursos que el otro me propone, asegurando así el desarrollo y la apertura de mi ser.

También podemos establecer un cuadro sintetizando los desafíos iniciáticos del corazón: [48]

Las cuatro cavidades del corazón y sus desafíos iniciáticos

Aurícula derecha
(Aire)

-      Muero en mi para volverme hacia el otro en una perspectiva de donación.

Aurícula izquierda
(Agua)

-      Acojo al otro, dejándole ser en toda autenticidad.

Ventrículo derecho
(Fuego)

-      Me entrego al otro sin idea de contrapartida, transcendiendo así todo instinto de supervivencia.

Ventrículo izquierdo
(Tierra)

-      Concedo al otro un lugar central en medio de mi existencia, participando así con alegría a su realidad.

 

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3. Carácter involuntario del músculo cardíaco

Finalmente, el corazón es el único músculo estriado del organismo cuyo funcionamiento no está regido por la voluntad. Esto nos recuerda, como es obvio, el lazo estrecho que existe entre este órgano y el amor. En efecto, el propósito último de este órgano es la expresión de la potencia divina en el seno de lo creado; ahora bien, el amor escapa a toda voluntad personal como lo evoca el proverbio antes citado: " el corazón tiene sus razones que la razón desconoce", al no depender de la criatura sino del creador, el hombre no podrá nunca efectivamente controlar esta realidad o someterla a su voluntad, como tampoco podrá apoderare de Dios. Si intenta hacerlo, el amor desaparecerá ya que esta realidad implica imperativamente la libertad.

He aquí una tabla que resume los elementos simbólicos asociados a la estructura macroscópica del corazón y la problemática correspondiente:

Cuadro presentando los elementos microscópicos del corazón y sus desafíos

Elementos macroscópicos

Problemática asociada al corazón

-      El corazón se sitúa en el centro del pecho, en el lado derecho bajo el lado derecho del esternón y la punta bajo la tetilla izquierda.

-      Establecer una dinámica relacional entre dos polos distintos que les permita formar una unidad sin confusión.

-      La estructura del corazón es hueca lo que le permite contener la sangre no en una perspectiva de estancamiento sino de trasvase.

-      No conservar la vida que se recibe de Dios para si mismo, antes al contrario, ponerla al servicio de los demás.

-      Un espeso tabique central divide el interior del corazón en dos mitades, la derecha y la izquierda, con dos funciones distintas aunque interdependientes.

-      Desarrollar una aptitud para donar (asociada al lado derecho) y parra recibir (asociada al lado izquierdo) como dos dimensiones distintas del intercambio y del amor.

-      El corazón consta de cuatro cavidades: dos aurículas y dos ventrículos, asociadas a vasos sanguíneos bien específicos.

-      Desarrollar las modalidades psíquico-espirituales esenciales para establecer una experiencia relacional justa y auténtica.

-      El corazón consta de cuatro válvulas que permiten la circulación de la sangre en una dirección bien precisa.

-      Dar firmeza a las propias disposiciones psico-espirituales sin volver atrás en el impulso de recibir o de donar.

-      El corazón es el único músculo estriado del organismo cuyo funcionamiento no está regido por la voluntad.

-      La experiencia última del corazón, el amor, no puede verse sujeta a una tentativa de control: querer someter al amor la propia voluntad es hacerlo desaparecer.

 

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C. Célula Cardiaca

La observación microscópica del corazón y de sus vasos también es susceptible de hacer aparecer ciertos elementos simbólicos fundamentales, asociados al arquetipo de su sistema. Para entenderlo mejor, pondremos en evidencia algunas particularidades propias de la célula cardiaca y las de la estructura de los vasos sanguíneos.

Las células o fibras cardíacas posen, efectivamente, una particularidad en la medida en que están en anastomosis (en biología, la anastomosis designe la comunicación entre dos vasos, dos nervios o dos conductos de igual naturaleza) y que se trata del único ejemplo de fibras musculares anastomosis en todo el organismo. Lo cual nos permite recorrer una fibra cardiaca sin encontrarle nunca su término, evocando así de forma admirable ese principio de unión estrecha entre dos realidades que no forman más que una sola, aunque cada elemento sea distinto del otro (es la fusión sin confusión)

Figura IV. Esquema de una fibra cardiaca

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Más aún, las células de músculo cardíaco están enrolladas en forma de hélice alrededor del eje del órgano. En un plano simbólico, esto es obviamente muy interesante ya que la espiral así formada es una curva articulada alrededor de una recta axial. Resulta, pues de la asociación de un círculo y de una recta, puesto que la hélice tiene la propiedad del círculo que el recorrerla seguirá eternamente alrededor de un punto central. Posee asimismo, la propiedad de la recta que al recorrerla, uno se aleja siempre de ese punto.

"Tiene a la vez, pues, esas dos propiedades principales del círculo y de la recta. En geometría plana, es el término medio, impolarizado entre los dos polos círculo y recta."

(Francis Lefébure, Les Homologies, Le Courrier du Livre, Paris, 1978)

La forma que adoptan las células cardíacas es semejante al simbolismo que hemos desarrollado ya que a propósito del cono (al poder considerar éste como una espiral que se ha desarrollado en el espacio alrededor de un eje). En esta misma perspectiva, añade el Dr. Lefébure que:

"La espiral firma la morfología cardiovascular en el torbellino que describe la sangre dentro de cada ventrículo: los orificios de entrada de la sangre (válvulas sigmoides), y al ser el ventrículo de forma cónica, el movimiento no puede ser más que el de un torbellino, ahora bien, el remolino es la traducción mecánica de la espiral. La disposición de los vasos mayores que entran y salen del corazón, venas pulmonares, cayado de la aorta, es tal que la describe en conjunto de un círculo, Por otra parte, esto se desprende de su embriología, al enrollarse el tubo cardiaco primitivo en una especie de nódulo. Además, los vasos mayores de los miembros se enrollan alrededor de su eje: así la femoral es anterior a la ingle, [80] mientras que su prolongación (arteria poplítea) es posterior a nivel de la rodilla; por lo tanto se ha desarrollado en una hélice espiral".

Como es obvio, todo esto evoca, desde un punto de vista simbólico, una aptitud a colocarse frente al otro en una actitud de donación y de recepción, colocando a éste en el centro de la propia existencia el evolucionar, a partir de ahí, alrededor de él. He aquí una tabla que resume esos elementos simbólicos asociados a la estructura microscópica del corazón y las problemáticas correspondientes:

Tabla que representa los elementos microscópicos del corazón y de su problemática

Elementos microscópicos

Problemática asociada al corazón

-      Las fibras cardíacas están en anastomosis con lo cual es posible recorrer una fibra cardiaca sin encontrar nunca el término.

-      Unir muy estrechamente entre sí dos realidades sin confundirlas nunca al permanecer cada una de ellas ontológicamente diferente de la otra.

-      Las células o fibras cardíacas se enrollan en espiral alrededor del eje del corazón.

-      Colocarse en una actitud de recepción o de donación al ponerse al otros en el centro de la propia existencia evolucionando a partir de ahí alrededor de él.

 

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II. Fisiología

El sistema cardiovascular posee varias funciones fisiológicas distintas de las que once son principalmente características. Se trata de la función de mantenimiento de la circulación venosa sistémica, de [82] la circulación arterial sistémica, de contracción (función sistólica), de circulación arterial pulmonar, de circulación coronaria, de automaticidad, de relajamiento, de circulación a nivel de los apilares, de funcionamiento valvular y de circulación venosa pulmonar. Veamos es detalle a lo que corresponde todo esto.

A. Función de mantenimiento y circulación venosa
1. Pericardio

El corazón así como la raíz de los vasos mayores están contenidos en una bolsa fibrosa resistente que se llama pericardio, dicha bolsa membranosa está formada por el pericardio seroso y por el pericardio fibroso. En efecto, la hoja externa es rugosa, fibrosa y poco flexible. Está fijado al diafragma y atado al esternón por lazos fibrosos. En cuanto al pericardio seroso, la parte interna, fina y lisa, consta de dos capas, la hoja parietal cubre el interior del pericardio fibroso y la hoja visceral adhiere a la superficie del corazón. Entre ambas hojas se halla el espacio pericardio que contiene algunas gotas de líquido pericárdico que lubrifica las superficies y facilita los movimientos del corazón durante la contracción.

En un plano simbólico, esta estructura evoca naturalmente una capacidad de recibir y de donar respetando la relación con el otro, los propios límites existenciales (aquellos que estructuran su vocación profunda). En efecto, querer dar al otro algo distinto de lo que uno mismo es, aunque nobles deseos lo muevan a uno, lleva [83] inevitablemente al fracaso. Del mismo modo, recibir al otro sin respetarse a sí mismo, no más que conllevar efectos negativos perjudiciales para la relación establecida.

2. Circulación venosa

A nivel de la circulación mayor, o circulación sistémica, las venas aseguran la vuelta de la sangre desde los tejidos del organismo hacia el corazón. Esa sangre va dirigida primero por las venas pequeñas que se juntan después para formar las venas que desembocan, finalmente en las dos venas cavas mayores (las venas mayores del organismo) que llevan la sangre finalmente al aurícula derecho del corazón.

La vena cava superior en lo alto del tórax y desemboca en la aurícula derecha. Está formada por la unión de las venas braquiocefálicas derecha e izquierda, las cuales están formadas a su vez por la unión de las venas subclavias (que dirigen la sangre de los miembros superiores), yugulares (que dirigen la sangre de la cabeza) y varias venas menores. La vena cava superior recibe también la sangre de las venas ácigos que dirigen la mayor parte de la sangre del tórax. Recogen pues la sangre de la parte superior del tronco, de la cabeza, del cuello y de los miembros superiores.

La vena cava inferior nace en la parte inferior del abdomen para desembocar en el aurícula derecho, está formada por la unión de las dos venas ilíacas, que reciben la sangre de las venas de los miembros inferiores y de los órganos pelvianos. La vena cava inferior recibe también la sangre de las venas hepáticas y renales que riegan el hígado y los riñones.

Esta función evoca, pues una aptitud a desprenderse al salir de todo aislamiento en sí mismo (al morir incluso, finalmente en sí), para abrirse al otro en una perspectiva de lucimiento o de dar.

B. Función arterial sistémica

A nivel de la circulación mayor, o sistémica, las arterias cumplen la función de alimentar el conjunto de las células del organismo.

 

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C. Función de contracción

En el plano simbólico, esta función que permite al corazón propulsar la sangre hacia los pulmones y el conjunto del cuerpo, evoca evidentemente una aptitud a recibir (sístole ventricular izquierdo) y a dar (sístole ventricular derecho), hacían prueba así de dinamismo, vigor y energía al luchar contra todas las fuerzas de inercia que intentan encerrar al hombre en una condición mortífera donde renuncia a cualquier dinámica de don y de recepción.

D. Función arterial pulmonar, circulación coronaria y función de automaticidad
1. Función arterial

A nivel de la circulación menor, o circulación pulmonar, el sistema arterial propulsa la sangre del ventrículo derecho hacia los pulmones donde ciertos productos derivados del metabolismo se liberan. En un plano simbólico, esta función evoca claramente una aptitud a dar, en una efusión dinámica, realizando esto a través de un lucimiento pleno del propio ser o por una entrega de sí mismo en la experiencia del amor.

2. Circulación coronaria

Del mismo modo que cualquier otro órgano, el corazón depende de las arterias para su alimentación en oxígeno y de las venas para transportar la sangre cargada con los productos derivados del metabolismo de las células cardíacas hacia la aurícula derecha. La arteria coronaria derecha alimenta la aurícula derecha (además del nódulo sinusal y del nódulo aurícula-ventricular), una parte de la aurícula izquierda, la mayor parte del ventrículo derecho y la parte inferior del ventrículo izquierdo. La arteria coronaria [86] izquierda (que se divide en arteria interventricular anterior y en arteria circunfleja) alimenta la aurícula izquierda, la mayor parte del ventrículo izquierdo y la mayor parte del tabique interventricular. Numerosas arterias colaterales unen las ramas de las arterias coronarias derecha e izquierda. Las venas coronarias se sitúan superficialmente con respecto a las arterias. La vena mayor, el seno coronario, se abre en la aurícula derecha. La mayoría de las venas coronarias desembocaban en el seno coronario, excepto las venas coronarias anteriores que desembocan en la aurícula derecha.

Figura V. La circulación coronaria

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En un plano simbólico, esta circulación coronaria evoca un principio de lo más único en la medida en que su función reside en mantener el corazón, o sea la dinámica de unión participativa como tal. Así pues, una alteración de esos vasos, como en el caso del infarto de miocardio, por ejemplo, implicará una voluntad más o menos inconsciente de poner en entredicho dicha dinámica del corazón, negándose a mantener una relación de intercambio auténtico con el otro y más aún, una dinámica de amor que intenta preservar cierto ostracismo.

3. Función de automaticidad

A nivel del miocardio, algunas células especializadas permiten la conducción de los impulsos eléctricos. Dichas células controlan el ritmo y la frecuencia cardiaca (una propiedad llamada automaticidad). En ciertas circunstancias, cualquier célula muscular miocárdica puede por otra parte controlar la frecuencia y el ritmo de las contracciones. Sin embargo, normalmente el nódulo sino-arterial o sinusal, llamado también nódulo de Keith y Flack (situado en la superficie endocardíaca de la aurícula derecha, junto a la vena cava superior) dicta la frecuencia cardiaca. En efecto, la puesta en marcha del nódulo sinusal difunde una impulsión a través de la totalidad de las aurículas derecha e izquierda provocando así una contracción de éstas últimas.

El nódulo aurícula-ventricular o de Aschoff-Tawara (situado en la parte baja del tabique de la aurícula derecha) se ocupo después de la conducción del influjo. Normalmente, represente la única conexión eléctrica entre las aurículas y los ventrículos. El retiene primero [88] el influjo, retrasando así la activación ventricular lo que permite a la sangre llenar los ventrículos a partir de las aurículas. Después, la conducción se dirige a través del nódulo aurícula-ventricular y una red de fibras llamada haz aurícula-ventricular (o haz de His) para difundir el flujo en el conjunto de los ventrículos, provocando así su contracción.

Cada latido del corazón se activa pues por impulsos eléctricos emitidos por el estimulador natural del corazón, el nódulo sinusal, situado en la parte alta de la aurícula derecha. Esos impulsos eléctricos se emiten con un ritmo de cien por minuto y activan las contracciones del corazón. (El pulso designa la frecuencia de revolución cardiaca por minuto). Se le toma allí donde las arterias son más superficiales (nunca con el pulgar). Al nacer, corresponde a ciento treinta y cinco revoluciones por minuto. En la adolescencia, cae a ochenta revoluciones por minuto, mientras que se pueden contar aproximadamente setenta y cinco en el adulto. La frecuencia de las revoluciones cardíacas en el atleta puede incluso bajar hasta cincuenta y cinco por minuto. En un plano simbólico, todo esto evoca manifiestamente una aptitud a recibir y a donar sin dejarse desestabilizar por nada, encontrando siempre en sí mismo fuerzas nuevas para lograrlo. Esta función encarna pues, una aptitud para renovar constantemente la propia dinámica de unión participativa para con el otro.

E. Función de relajamiento

Después de la fase de concentración en que las aurículas se contraen las primeras (sístole auricular) y expulsan la sangre fuera del corazón por las arterias; le sigue a ésta una fase de relajamiento o diástole (cuya duración es más o menos de cuatro décimas de segundo) que permite al corazón llenarse de sangre (sangre que proviene [89] de las células que llegan a la mitad derecha del corazón y que proviene también, de los pulmones en la mitad izquierda. A nivel simbólico, esta función de relajamiento evoca evidentemente una aptitud a recibir y a dar sabiendo colocarse en una dinámica de renunciación y dejándose impregnar por esa irresistible atracción que el otro ejerce sobre uno mismo (acogiéndolo y entregándose a él en la mayor entrega).

F. Función de mediación, circulación a nivel de los capilares

Ya hemos precisado que los capilares relacionan entre sí las arterias a las venas en la medida en que sus tabiques se componen de una fina capa de células que dejan pasar el oxígeno y las sustancias nutritivas (que provienen de las arterias), al propagarse esos elementos pues por los tejidos de los distintos órganos del cuerpo mientras que los productos derivados del metabolismo de las células penetran en los capilares para ser conducidos después a las venas. A nivel simbólico, esta función de mediación evoca naturalmente un proceso de intercambio en el que cada uno da al otro lo que posee (en un plano psicológico) o lo que es (en un plano iniciático).

 

He aquí una tabla que resume las principales funciones asociadas al corazón y sus problemáticas psicológicas. [91]

Tabla que presenta las principales funciones del sistema cardiovascular y sus problemáticas psicológicas

Funciones del sistema circulatorio

Las problemáticas psicológicas

Función de mantenimiento
y circulación venosa sistémica

 

-      El corazón está contenido en una bolsa membranosa resistente que se llama pericardio.

-      Recibir y dar respetando los propios límites existenciales (aquellos que estructuran la propia vocación profunda).

-      A nivel de la circulación mayor, circulación sistémica, las venas se encargan de la vuelta de la sangre desde los órganos y los tejidos hacia el corazón.

-      Entregarse, saliendo de un aislamiento en si mismo (morirse incluso finalmente en sí), para favorecer una apertura al otro en una perspectiva de lucimiento o de don.

Circulación arterial sistémica

 

-      A nivel de la circulación mayor, las arterias cumplen la función de alimentar las células del organismo en oxígeno y en sustancias nutritivas.

-      Beneficiarse de los recursos que ofrece el otro o de su presencia sintiendo la alegría que ello conlleva.

Función de contracción

 

-      El corazón es una válvula muscular que se contrae rítmicamente a una frecuencia media de ochenta y cien pulsaciones por minuto, propulsando ahí la sangre hacia los pulmones y al conjunto del cuerpo.

-      Recibir y dar sabiendo hacer gala de dinamismo, de vigor y de energía, luchando así contra todas las formas de inercia que encierran al hombre en una condición mortífera en que ha dejado de recibir y de dar. [92]

Circulación arterial pulmonar, circulación coronaria y función de automaticidad

 

-      A nivel de la circulación menor, las arterias pulmonares propulsan la sangre del ventrículo derecho hacia los pulmones donde libera ciertos productos derivados del metabolismo de las células.

-      Brindar al otro la potencia vivificadora propia a través de un resplandor pleno del ser o por un sacrificio de la vida (entregándose por amor).

-      El corazón depende de las arterias para su alimentación en oxígeno y de las venas para traer la sangre cargada de productos derivados del metabolismo de las células cardíacas hacia la aurícula derecha.

-      Mantener con el otro una dinámica de unión participativa.

-      Cada latido es activado por impulsos eléctricos emitidos por el nódulo sinusal situando en la parte alta de la aurícula derecha.

-      Recibir y donar sin dejarse desestabilizar por nada hallando fuerzas, al contrario siempre nuevas para mantener dicha dinámica.

Función de relajamiento

 

-      Tras la fase de contracción sigue una fase de relajamiento o diástole en que el corazón se llena de sangre.

-      Recibir y dar sabiendo colocarse en una dinámica de renunciación, dejándose así impregnar por la irresistible atracción que el otro ejerce sobre uno mismo (recibiéndole en sí y entregándose a él).

Circulación a nivel de los capilares y funciones valvulares

 

-      Al relacionar las venas con las arterias, los capilares aportan el oxígeno y las sustancias nutritivas a las células recogiendo así los productos derivados de su metabolismo.

-      Establecer un proceso de intercambio en el que cada uno da al otro lo que posee o lo que es.

-      Las válvulas evitan que la sangre circule en sentido contrario entre las aurículas y los ventrículos y entre los ventrículos y la aorta o la arteria pulmonar.

-      Recibir y donar colocándose en una relación de mediación con el otro sin volver atrás.

Circulación venosa pulmonar

 

-      A nivel de la circulación menor, las venas pulmonares traen la sangre de los pulmones a la aurícula izquierda del corazón.

-      Abrirse desarrollando una actitud de recepción frente al otro (al otro como tal y a los recursos que propone).

[93]

III. Cábala

El corazón se dice en hebreo lév [Lamed-Beith] o a veces lévav [Lamed-Beith-Beith]. Ahora bien, esta última palabra pronunciada libév, significa también "incendiar", "avivar", "encantar", "fascinar" o "seducir". Las tres letras que forman esta palabra son también una raíz originaria del verbo nilbav [Noun-Lamed-Beith-Beith] que significa "volverse sensato". Por fin, hasta la estructura de la palabra es muy elocuente y vamos a examinar eso atentamente. En efecto, para comprender todavía mejor las situaciones asociadas al corazón, les propongo hacer el análisis simbólico de los diferentes vocablos sacados de su nombre hebraico y las letras que lo componen.

Como ya lo hemos mencionado, la palabra hebrea lévav [Lamed-Beith-Beith] que designa el corazón, significa también "incendiar" o "avivar" cuando la pronunciamos libév. Ahora bien, "incendiar" evoca el hecho de encender un fuego cuando "avivar" se asocia a "vivificar" o "animar". ¿Qué fuego puede ser encendido o vivificado al nivel del corazón? Al principio, se trata evidentemente del fuego vital asociado a la actividad metabólica del organismo. En efecto, el metabolismo se fundamenta en un proceso de óxido-reducción a lo largo del cual un verdadero fuego, alimentado por el oxígeno, permite la descomposición de las moléculas alimenticias y la extracción de una energía importante. Después se trata del fuego de la emoción y del deseo, asociado a la dimensión afectiva del ser. Efectivamente, la expresión de los sentimientos siempre fue asociada de manera íntima a la actividad de un fuego ardiente: es el fuego de la pasión. Así, "declarar su pasión" evoca en el lenguaje popular el hecho de expresar su pasión amorosa, su deseo amoroso. Por fin, se trata del fuego que abrasa [94] el intelecto, el que aclara la conciencia gracias a su luz, liberándola así de las tinieblas. Este fuego es el mismo símbolo de la iluminación y del conocimiento. A través de estos tres aspectos del fuego, encontramos pues las tres modalidades del alma.

También existe un cuarto fuego que el pretendiente debe también encender en su corazón. Se trata del fuego del amor que nos presenta la doctrina del Sagrado Corazón. En efecto, una revelación recibida por Santa Gertrudis en el siglo XV es particularmente interesante respecto a esto. Cuando preguntaba a San Juan por qué no había escrito nada sobre el corazón de Cristo, el apóstol contestaba:

"Mi carga era anunciar a la Iglesia naciente la doctrina del Verbo no creado de Dios Padre. Pero, en cuanto a este Corazón Sagrado, Dios se encarga de darlo a conocer en los últimos tiempos, cuando el mundo empiece a caer en la decrepitud a fin de avivar de nuevo la llama de la caridad que se habrá enfriado."

(Obras de Santa Gertrudis, citado por H. Montaigu en su libro, Paray le Monial, Paris, 1979)

Así pues, en el hombre, el corazón es verdaderamente el sitio donde el amor, nacido de su encuentro con el otro (y a través de él con el todo otro) puede incendiarse, abrasando entonces su alma en los tres planos que la constituyen (plano vital, emocional y mental), llevándola así a desempeñar las funciones sagradas de Rey, de Sacerdote y de Profeta (si queremos utilizar las analogías precedentes).

Por otra parte, sabemos que el vocablo hebreo lévav [Lamed-Beith-Beith] que designa el corazón significa también, cuando se pronuncia libév, "encantar", "fascinar" o "seducir". Ahora bien, es elocuente constatar que por "encantar" ("someter a una acción sobrenatural" según le Petit Robert, Diccionario alfabético y analógico de la lengua francesa, Paris), "fascinar" ("manifestar una seducción irresistible" según le Petit Robert) [95] y "seducir" ("cautivar por un encanto poderoso" según le Petit Robert), hay que ser dotado de gracias (palabra que viene del latín gratia que significa "ayuda de Dios" y que designa "una especie de encanto, atractivo que está en una persona" según le Petit Robert). Ahora bien, la gracia no depende de la naturaleza humana ya que es una fuerza de origen sobrenatural cuya alma está revestida cuando ya no es un simple soplo salido de la unión del espíritu y del cuerpo, sino un soplo de amor salido de una comunión íntima y plena entre el hombre y Dios. De modo que, un ser hermoso e inteligente puede quedarse sin gracia.

Pues encontramos de nuevo la situación fundamental que hemos asociado al corazón. Además, añadimos que la gracia, como luz del alma, se expresará evidentemente al nivel de los tres planos. Así, habrá gestos llenos de gracia (plano vital), sentimientos impregnados de gracia (plano emocional) y palabras impregnadas de gracia (plano mental). Todavía más, no sólo la gracia inicia la unión entre el hombre y Dios, sino que desempeña también una atracción sobre el otro. Así una dinámica de comunión entre dos seres humanos, el que está fascinado se destina a desposeerse de sí mismo para participar en la realidad del que le encanta. Así, encontramos de nuevo esta dinámica de unión entre dos realidades tan estrechamente asociadas al corazón.

Por otra parte, hemos también afirmado que el radical [Lamed-Beith-Beith] forma una raíz al origen del verbo nilbav [Noun-Lamed-Beith-Beith] que significa "volverse cuerdo". Ahora bien, si los verbos "encantar", "fascinar" o "seducir" evocaban la gracia, el [96] hecho de "volverse cuerdo" es directamente asociado a la sabiduría que es también un don de Dios. En efecto, la tradición judeo-cristiana nos enseña que Dios es el único sabio que pueda comunicar al hombre una sabiduría auténtica que le haga capaz de conocer Su realidad y hacerla conocer.

La sabiduría como conocimiento transformado aparece pues en el que se dedica completamente a Dios, abriéndose a Su realidad conocible y haciéndose fecundar por ella. Evidentemente no se trata de la simple razón sino de una intuición o de una inspiración. Dicho de otro modo, no es un conocimiento cerebral sino un conocimiento cardiaco. De nuevo, encontramos pues la imagen del corazón como vector de conocimiento, un concepto que ya desarrollamos.

 

[98]

IV. Situaciones psicológicas e iniciáticas

A. Situaciones psicológicas
1. Afirmación del yo

El primer desafío psicológico asociado al sistema cardiovascular estriba, por cierto, en el desarrollo de una capacidad a afirmar plenamente lo que uno es. Le incitan al candidato a que exprese con fuerza y sin compromiso cada aspecto de su personalidad y a que lo haga en una perspectiva de testimonio.

Resulta que para el candidato es importante que no ahogue en él, la manifestación de quien es. Al contrario, se dedicará a afirmar lo que lleva en sus adentros. De modo que, colocando su luz en la lámpara de pie, no sólo radiará su ser profundo sino que suscitará también en los que lo rodean un deseo igual de expresar su verdadera naturaleza. Manifestar quien es uno, es efectivamente también [99] incitar a los demás a que hagan igual por medio de la virtud del ejemplo. Todavía más, al expresarse uno, desarrollará una capacidad para asentarse de manera más firme, creando desde entonces una verdadera confianza en sí, dando por sentado que cuanto más se explota una capacidad más se desarrolla ésta. En efecto, cuanto más los valores profundos del yo se expresarán, más se consolidarán y conferirán confianza al candidato espiritual. A partir de este momento, él obtendrá un poder extraordinario de expansión que le permitirá alcanzar cierto nivel de autoridad. Fiel a sí mismo (a la esencia interior que lo anima) será también propenso a ser leal y sincero en sus relaciones con los demás.

 

[104]

El segundo comportamiento es cuando el individuo se satisface utilizando la fuerza: es el comportamiento agresivo. Le confiamos de nuevo al Dr. Fanget el resumen:

"Tener un comportamiento agresivo, es expresar hasta imponer sus necesidades, sus deseos, sin tomar en cuenta las necesidades y los deseos del otro. Es, por ejemplo, fumar en una reunión sin preguntar a los demás si les molesta. Es poner el sonido del equipo estereofónico fortísimo sin preocuparse de que su marido esté durmiendo. Es aparcarse ante una salida de garaje, bajo el pretexto que no tomará mucho tiempo. Es llamar por teléfono a alguien empezando a hablarle de sus problemas ni siquiera preguntándole si le molesta."

(Frédéric Fanget, Aimez-vous ! Pour mieux vivre avec les autres)

He aquí la tabla que sintetiza lo que nos propone:

Las características de un comportamiento agresivo

1.     Ud expresa sus necesidades y deseos,

2.     No respeta al otro,

3.     Habla 95 % del tiempo y deja al otro 5 % del tiempo,

4.     Se expresa sin rodeos incluso con brutalidad,

5.     Mira al otro fijamente, su postura extensa, recta, se aproxima muy cerca del otro para hablarle,

6.     Habla fuerte,

7.     Es propenso a generalizar,

8.     En caso de conflicto, no vacila Ud en contraatacar,

9.     Después de comportarse así, Ud está satisfecho por haber obtenido lo que quería, pero siente cierta culpabilidad si piensa haber ofendido al otro.

[105]

Por fin, vemos el comportamiento asegurado cuando expresa sus necesidades, sus deseos, simple o directamente, tomando en cuenta al otro, sus necesidades y sus deseos. Es la regla 50 / 50. Tiene 50 % de los derechos, pero su interlocutor tiene igualmente 50 % de los derechos. Ud será capaz de decir tranquilamente a la señora que le adelanta en la cola de un almacén: "la espera dura mucho en esta caja y entiendo que Ud tiene prisa, sin embargo me gustaría que se quedara detrás de mí, por favor". No vacilará en preguntar a su colega de trabajo que le acompañe el día cuando su coche está en el mecánico, si tiene tiempo, claro y si esto no perturba sus proyectos. Se atreve pedir a su cónyuge respetar su gusto por el cine de arte y pruebas, respetando su inclinación hacia las películas de acción. "Mira, tenemos un problema: tú quieres ver el último John Woo y yo, el Séptimo Sello de Bergman. En este último caso, te propongo quedar contigo después de la sesión para ir a cenar juntos". Vosotros os dirigiréis hacia vuestros vecinos que aparcan su coche delante de vuestra puerta o que tienen un perro cuyos ladridos os molestan."

Sin embargo, importa no confundir un comportamiento firme con un comportamiento agresivo aunque la afirmación de sí mismo, de la manera como se vive a veces (sobre todo de la manera como se la vivió a lo largo de los últimos decenios para permitir que las minorías se expresen), a menudo introduce tal confusión. Para evitar esto, el Dr. Fanget presenta la tabla siguiente:

Las diferencias entre el comportamiento agresivo y el firme

Comportamiento agresivo

Comportamiento firme

-      Obtiene imponiéndose,

-      Obtiene negociando,

-      Usa la coerción, la amenaza,

-      Usa el diálogo,

-      Rebaja al otro,

-      Respecta al otro,

-      Desencadena un malestar en el otro,

-      Desencadena un bienestar en el otro,

-      Generaliza,

-      Es preciso,

-      Emite un juicio sobre el otro, sobre lo que es.

-      Sólo juzga los comportamientos de sus interlocutores, lo que hacen. No juzga a su persona.

Por otra parte, una sana afirmación de sí, permite también, en un segundo tiempo, llevarse mejor con los otros. En efecto "de un compartimiento demasiado pasivo resulta que uno tiene cara de primo, a quien utilizan y a quien no respetan, a quien buscan para tal o cual servicio. [...] Un comportamiento muy agresivo, dará, al revés la imagen de un jodido, de un insatisfecho eterno que sólo funciona en el conflicto, lo que puede tener consecuencias en la vida amistosa, amorosa, pero también en la vida profesional." Ahora bien, "si nos afirmamos respetando al otro, hay muchas posibilidades para que los otros se lleven bien con nosotros. Eso nos permitirá ensanchar el círculo de relaciones y probablemente también, enriquecer nuestras relaciones humanas. Sin embargo, este segundo punto si queda deseable, no lo obtenemos siempre porque depende mucho de la buena voluntad del otro. Es probable que no podamos desarrollar buenas relaciones con todos. En cambio, un buen nivel de afirmación de sí mismo permitirá resolver más fácilmente posibles problemas de relaciones."

2. Reconocimiento y acogida al otro

Amar aplicando aquel adagio que St Exupéry escribió en Cartas a un rehén: "Si eres diferente de mí, hermano mío, no me perjudicas sino que me enriqueces con creces."

 

[110]

3. Cambios con el otro (tomar y dar)

La tercera situación psicológica asociada al sistema cardiovascular es una consecuencia de las dos primeras ya que implica el desarrollo de una relación de reparto en la que las riquezas personales de [111] cada uno, completamente afirmadas, se ponen al servicio del otro quien aprende así a desarrollar cualidades y nuevas aptitudes. En efecto, ontológicamente diferente de sí mismo, el otro lleva en sí recursos que se pueden adquirir y desarrollar en el ambiente de una relación privilegiada y así permitir a cada uno que llegue hasta cierta expansión de sí mismo. Por cierto esto se expresa de una manera particularmente elocuente en la experiencia de atracción que un hombre experimenta hacia una mujer y viceversa. Efectivamente, el hombre se dirige hacia una mujer para que despierte en él la dimensión femenina de su ser cuando ésta se dirige hacia él para que despierte en ella la energía masculina. Así, cada uno recibe del otro lo que no posee y la relación vuelve a ser una relación de enriquecimiento mutuo por el reparto de cualidades complementarias.

 

[114]

B. Situaciones iniciáticas
1. Don de sí mismo

La primera situación, situación relativa al amor, estriba sobre todo en el desarrollo de una aptitud para dar y, todavía más precisamente, para darse a sí mismo. En efecto, si admitimos en general que el don es una dimensión esencial del amor, olvidamos muy a menudo que no se trata sólo de dar algo sino que se trata de entregarse. Evidentemente es verdad que el amor es el don de nuestras riquezas y que no podríamos concebir una relación amorosa sin ofrecer lo que poseemos (desde el punto material, psicológico y espiritual). En efecto ¿cómo podríamos considerar una relación amorosa en la cual cada uno conservaría su cuenta bancaria y sus propios recursos, pidiendo al otro que contribuya de manera equitativa en las compras en común? Pero existe un don todavía más fundamental sin el cual no existe el verdadero amor. Es el don de sí mismo de la misma manera que los esposos se entregan de manera mutua el uno al otro hasta ya no pertenecerse, hasta ser desposeídos de sí mismos.

La primera situación espiritual asociada al sistema cardiovascular nos incita pues a entregamos sin reserva y nos enseña que la alegría de entregarse es muchas veces más grande que la de recibir. En efecto, "el hombre enamorado que busca realizarse en el don a la que ama, la madre que se da a sus hijos y no vive más que por ellos, son capaces de comprender estas palabras. Porque el lazo es tan fuerte como posible con el misterio de Dios, fuente de cualquier clase de amor." Entonces no sólo se nos incita a dar sin restricción nuestros propios bienes sino también a entregamos, haciendo de nuestro ser entero una verdadera ofrenda.

 

[117]

El Padre me enseña a dar en función de las necesidades del otro y no en función de lo que a mí me gustaría recibir. Cuantas veces observamos al contrario, un padre quien quiere dar a su hijo lo mejor de sí mismo imponiendo sus consejos y sus recursos para que su hijo pueda cumplir lo mejor posible según lo que imagina el padre, y hacer lo que él mismo no pudo realizar.

Por cierto, se trata aquí de un noble deseo, pero el hijo le contestará que no comparte forzosamente los mismos objetivos y que desea que su vida tome otra cariz. "Cuantas riñas y rupturas entre padre y adolescentes, encuentran aquí su raíz profunda. Este padre olvida que no procreó por sí mismo sino que lo hizo por su hijo. Olvida el padre que el hijo no pertenece a nadie sino a él y a Dios y que se trata de "educarlo", es decir "conducir afuera" para que realice su propio proyecto humano, su aventura nueva e imprevista. De nuevo, fascinación del mismo rechazo de la diferencia. Yo quien soy soltero, no tengo derecho de desaprobar a nadie y tal vez hubiera sido un padre de cuidado. Pero recibí bastantes confidencias de padres afligidos y de hijos sublevados, para saber que aquí estriba el riesgo."

 

[118]

Esta necesidad de poner sus riquezas al servicio de los otros fue prodigiosamente expresada en la tradición simbólica con la imagen de un pelícano que se sacrifica a sus pequeños. En efecto, según una leyenda muy lejana ocurría que, al volver a su nido, el pelícano veía a sus pequeños inanimados y muertos. Entonces el pájaro gritaba "su dolor a todos vientos, se reclinaba hacia los cuerpecitos ensangrentados y con su pico desgarrándose el pecho, los regaba con su sangre. Era ahora cuando bajo la savia caliente del papá, los pelicanitos muertos, se ponían a estremecerse, recobraban vida, batían las alas con alegría, se acurrucaban amorosamente dentro del plumón del padre a quien, dos veces, le debían la vida." En esta leyenda, el comportamiento del pájaro que se abre el pecho con objeto de cuidar al otro, evoca evidentemente el verdadero don de sí mismo en el cual las sustancias nutritivas que le alimentaban exclusivamente hasta entonces saltan desde ahora para alimentar al otro (cabe notar que estas sustancias nutritivas que están en la sangre, son además el resultado de un largo trabajo de ingestión y digestión, la "quintaesencia" de su trabajo).

 

[119]

2. Acoger al otro

"Amar, es renunciar a vivir en sus adentros, para sí mismo y por sí mismo". De modo que la acogida del otro siempre se iniciará en un movimiento por el cual el candidato se retirará, por decisión suya, en sí mismo para generar un espacio vacío que le convida hacerse el centro de su propia vida.

 

[122]

Cultivando semejante actitud de acogida, de manera evidente el ser humano dejará de concentrar su conciencia sobre sí mismo y se liberará desde entonces del círculo cerrado de su yo personal. Dicho de otro modo, escapará de la influencia de sus impulsiones egocéntricas e intelectuales las cuales llevándole a pensar sólo en sí mismo, le impedían hasta ahora todo tipo de intercambio y verdadera comunión con el otro. Sin embargo, esta actitud, no habrá de ser experimentada como un fastidio sino que se vivirá naturalmente y será marcada por un anhelo profundo del corazón. Entonces esto le llevará al tercer aspecto de la situación espiritual asociada al sistema cardiovascular.

3. Participar en la realidad del otro

En efecto, la tercera situación del sistema cardiovascular corresponde a una experiencia de participación en la esencia del otro. El último deseo de cualquier experiencia amorosa siendo lo de poder experimentar lo que siente el otro, vivir lo que está viviendo, y así poder participar entero en su realidad. Quien amó de veras sabe lo que ello representa, el mayor sufrimiento del amor siendo precisamente el de quedar ajeno al otro, el no poder compartir su experiencia. Ahora bien, la acogida según y conforme acabamos de definirla, nos induce forzosamente a que participemos en la realidad del ser querido puesto que resulta el centro de nuestra vida. Así que la plenitud del amor nos [123] induce a una experiencia de trascendencia que permite ir más allá de lo que somos en una participación sin confusión. En efecto, "el deseo del amor es llegar a ser el otro, siendo yo siempre el mismo de tal modo que el otro y yo, no resultemos unidos sino también que realmente seamos uno. La experiencia humana del amor es alegría y sufrimiento mezclados. Alegra prodigiosa la de decir a quien amamos, tú y yo, no somos dos sino uno. Pena es lo de verse obligado a reconocer que al decir esto, decimos, no lo que es sino lo que uno quema que fuera y que no puede ser."

Claro está que el amor engendra una comunión profunda que crea una verdadera unidad, pero siempre se trata de una dinámica entre dos personas que asumen sus diferencias.

 

[126]

4. El corazón receptáculo del amor

Para concluir con esta sección sobre las situaciones espirituales del sistema cardiovascular conviene precisar que el corazón de quien se haya puesto en semejante dinámica psico-espiritual, se vuelve precisamente semejante al misterioso vaso del Graal aquel sagrado receptáculo que acoge el amor llegando del cielo. En efecto, harta la estructura del corazón lo lleva a aquella vocación sublime. Entreteniendo un espíritu de don, de acogida y de participación en la realidad ajena, el pretendiente hará así de su corazón una verdadera matriz en la que el amor arraigándose y desarrollándose, cumplirá así el deseo del poeta: "Ojala pudiera mi corazón volverse en un nacimiento. De nuevo, aquí mismo, Dios seria niña." Además, fue en esta perspectiva que se instituyó el culto del Sagrado Coraza en la tradición cristiana. Llamado "Casa de Dios" o "Puerta del Cielo", claro está que existe una admirable evocación de la llegada de la luz divina hacia el ser humano.

 

[130]

En lo que se refiere a nosotros, vemos desde luego en esto, el símbolo del amor, la sangre derramada hecha rosa siendo la evocación mas bella del amor. Sírvase citarles respecto a ello, este pasaje del libro de Philippe Mailhebiau a propósito de la rosa: "El óleo esencial de Rosa es una maravilla de la naturaleza, no es única sin duda alguna, pero es excepcional. El único hecho de olerla afina nuestra sensibilidad, nos lleva a un mundo desconocido, parece disolver las tinieblas de nuestras preocupaciones, nuestras angustias y nuestras penas. Nos hace conocer el amor, no sólo el amor humano que ya es un regalo, quizá el más hermoso de la existencia, sino también un amor espiritual, hasta divino dinamos, de no ser tan trillada la palabra. El perfume auténtico a la Rosa parece venir de otro mundo; cabe decir que una tradición iniciática enseña que fue un regalo del planeta Venus."

Cualquiera que sea el crédito que se da a las leyendas y [131] creencias, la Rosa nos parece ser un tema de meditación, un objeto de contemplación, un motivo de elevación.

 

[133]

Aquí mismo no se puede menos de establecer un paralelo entre aquella devoción al Corazón del Cristo y el camino espiritual oriental del hesicasmo (hésychasme en francés) con su práctica de la "Oración del Corazón". Ésta, en efecto, aspira a hacer que viva su Maestro en el corazón del fiel, y hasta a que se identifiquen los dos corazones: el medio empleado, ya lo sabemos, siendo la advocación repetitiva del nombre de Jesús o de cualquier otro nombre del Señor (Morya, Bouddha, Rama, Saí Baba, etc...)

 

[135]

V. Arquetipo planetario

Según la tradición del hermetismo cristiano, el arquetipo planetario unido al sistema cardiovascular es el Sol. Ahora bien aquel astro ocupaba para los ancianos una posición central parecida a la que ocupa el corazón al nivel del cuerpo humano. Así "el Sol, dice Plutarco, con la fuerza de un corazón esparce y derrama fuera de si el calor y la luz como si fuera la sangre y el soplo." Del mismo modo, Macrote: "El nombre de Inteligencia del mundo que se da al sol, corresponde al de Corazón del Cielo ; manantial de la luz etérea, el sol es, para aquel fluido, lo que es el corazón para el ser animado. Al-Jili consideraba también el corazón para las virtudes lo que es el sol para los planetas: del sol reciben su luz y su impulso [...] Toda esta simbólica del centro y del sol queda maravillosamente inscrita en el famoso mármol de la cartuja de Orques (Sarthes) publicado antiguamente por Louis Charbonneau-Lassay. Es un testigo extraordinario de la profundidad intelectual en el verdadero sentido de la palabra a la cual habían llegado los monjes de San Bruno, en la comprensión del misterio del Corazón. Este mármol representa el Corazón radiante en medio de dos círculos, concéntricos con relación a él; el circulo de los planetas, puesto en la parte más interior, y el circulo del zodiaco puesto al exterior."

Todavía más precisamente, el Sol encarnaba y sigue encarnando una aptitud para radiar su identidad profunda, sin consideración alguna para los prejuicios ni para los estereotipos impuestos por la sociedad (o para las ilusiones inherentes al Ego). Por este mismo concepto, ocurre que nos dejamos engañar por [136] la afirmación de si considerándola injustamente como una expresión de la vanagloria o orgullo. Es aquí donde estriba el error ya que es precisamente semejante actitud la que le permite al individuo existir plenamente. Además, llevándolo a resplandecer con fidelidad los valores de su profunda esencia, el astro solar favorece el desarrollo de una potencia muy importante que se expresará muy naturalmente bajo la forma de una autoridad carismática cuya legitimidad será evidente.

Desde el punto de vista espiritual, el Sol evoca una capacidad para expresar y resplandecer con entusiasmo el poder del espíritu. El nombre hebreo que lo designa nos lo indica muy bien ya que se trata de la palabra shémésh [Shin-Mem-Shin] que significa "ejercer como un sacerdote". Cabe notar que el Cristo, quien fue gran cura de las obras del Espíritu, ("Teniendo pues un gran cura soberano quien cruzó los cielos, Jesús, hijo de Dios, manteamos firme la profesión de fe.", Hebreos IV, 14) fue asociado desde el tercer siglo al "Verdadero Sol" (Verus Sol). En el cuarto siglo, el gran poeta bizantino Romanos le Mélode hasta le hizo afirmar en el Cántico de la Cortesana: "Yo, el Sol". Citamos aún Bérulle, quien habla de "Jesús, aquel Sol saliendo" (Meditaciones sobre Santa Magdalena, XVII° siglo).

He aquí una lista que resume los elementos simbólicos asociados al Sol y las situaciones encarnadas por el sistema cardiovascular. [137]

Elementos simbólicos asociados al Sol. Situaciones asociadas al sistema cardiovascular.

Elementos simbólicos asociados al Sol

Situaciones asociadas al sistema cardiovascular

-      El Sol encarna una aptitud para radiar su identidad profunda sin consideración alguna para los prejuicios ni para los estereotipos impuestos por la sociedad (o para las ilusiones inherentes al Ego).

-      Expresión de si por medio de su comportamiento, de sus emociones y pensamientos.

-      El Sol encarna una capacidad para resplandecer con entusiasmo la fuerza del Espíritu, es decir la potencia del amor.

-      Expresión del amor por medio de su comportamiento, de sus emociones y pensamientos.

 

[144]

Es como vector de la potencia fecundante y vivificante que fue considerado como verdadero taumaturgo. Cuando una persona del Rey de Francia padecía de una enfermedad que no podía curar el médico, iba a París, se valla de la recomendación de su médico para ser curado por el soberano. En algunos momentos precisos del año que correspondían en general a fiestas religiosas, el Rey recibió efectivamente a los enfermos y procedió a un ritual que permitía curarlos. A modo de ejemplo: Louis XIV quien reinó desde 1643 hasta 1715, muchas veces tuvo la ocasión de desempeñar aquella función y las curaciones siempre eran muy numerosas. Entre los médicos cuyo trabajo consistía en curar los tumores linfáticos, cuya curación era prerrogativa real, el primer cirujano de Mesdames les Dauphines, Dionis "aconseja a todos los que padecen de esos males que prueben un medio espiritual tan ameno para curar, antes de entregarse a los cirujanos que no pueden exentarlos mucho de sus dolores..."

 

[153]

VI. Síntesis

El sistema cardiovascular encarna pues y fundamentalmente en el hombre una aptitud para acoger y para dar de sí mismo. Desde el punto de vista psicológico, concierne más precisamente el desarrollo de una capacidad para asentarse (así funciona como un testimonio) para abrirse a los recursos que propone el otro (utilizándolos para asegurar el desarrollo y la plenitud de su ser), aptitud también para dirigirse hacia el otro con una dinámica de intercambio y reparto. En cuanto al aspecto espiritual, encama una aptitud para entregarse al otro, para acogerlo en si enteramente a fin de concederle un sitio central dentro de su existencia y para que experimente lo que es, acompañado de un impulso de trascendencia superando cualquier instinto de supervivencia.

Tabla que presenta las funciones del sistema cardiovascular y sus situaciones

Las funciones del sistema cardiovascular

Lo que está en juego

 

Función de conservación y circulación venosa sistémica

 

 

-      El corazón está en una bolsa membranosa que se llama el pericardio.

-      Recibir y dar respetando sus límites existenciales (las que estructuran su vocación profunda).

 

-      En cuanto a la gran circulación, o circulación sistémica, las venas velan por la vuelta de la sangre desde los órganos y los tejidos hacia el corazón.

-      Soltar prenda, saliendo de un encerramiento sobre sí mismo para confiarse al otro en una perspectiva de difusión o de donación.

 

Circulación arterial sistémica

 

 

-      En cuanto a la gran circulación, las arterias dan oxígeno y sustancias nutritivas a las células.

-      Gozar de los recursos que el otro ofrece o de su presencia experimentando la alegría que trae.

 

Función de contracción

 

 

-      El corazón es una bomba muscular que se contrae de manera rítmica en una frecuencia media de noventa a cien pulsaciones por minuto, propulsando la sangre hacia los pulmones y el cuerpo.

-      Recibir y dar manifestando dinamismo, vigor y energía, luchando así contra todas fuerzas de inercia encerrando al hombre en una condición mortífera en que ya no recibe ni da tampoco.

Circulación arterial pulmonar, circulación coronaria y función de automaticidad

 

 

-      En cuanto a la pequeña circulación, las arterias pulmonares propulsan la sangre del ventrículo derecho hacia los pulmones donde libera algunas sustancias que provienen del metabolismo de las células.

-      Dar al otro su fuerza vivificadora por una difusión plenaria de su ser o por un sacrificio de su vida (dándose por amor).

 

-      El corazón depende de las arterias para su alimentación y de las venas para traer la sangre con las sustancias metabólicas de las células cardiacas hacia la aurícula derecha.

-      Mantener con el otro una dinámica de unión participante.

 

-      Cada latido es iniciado por impulsiones eléctricas emitidas por el nódulo del seno situado en la parte alta de la aurícula derecha.

-      Recibir y dar sin dejarse desestabilizar por cualquier cosa, encontrando al contrario fuerzas nuevas para mantener esta dinámica.

 

Función de respiro

 

 

-      Después de la fase de contracción sigue una fase de respiro o diástole durante la que el corazón se llena de sangre.

-      Recibir y dar sabiendo situarse en una dinámica de abandono, dejándose así invadir por el irresistible atractivo que el otro ejerce en sí (recibiéndole en sí mismo y entregándose a él).

 

Circulación a nivel de los capilares y funciones valvulares

 

 

-      Poniendo en comunicación las arterias con las venas, los capilares dan oxígeno y las sustancias nutritivas a las células, recogiendo también las sustancias que provienen de su metabolismo.

-      Establecer un proceso de intercambio en que cada uno da al otro lo que posee o lo que es.

 

-      Las válvulas evitan que la sangre circule en sentido opuesto entre las aurículas y los ventrículos y entre los ventrículos y la aorta o la arteria pulmonar.

-      Recibir y dar poniéndose en relación de mediación con el otro sin retroceder.

 

Circulación venosa pulmonar

 

 

-      En cuanto a la pequeña circulación, las venas pulmonares traen la sangre de los pulmones a la aurícula izquierda del corazón.

-      Abrirse desarrollando una actitud de recibimiento frente al otro como tal o a los recursos que propone.

 

 


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Sección II – Enfermedades – Simbolismo y terapéutica

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Infarto del miocardio

Lectura simbólica
Descripción médica

Como todas las otras arterias, las arterias coronarias pueden ser atacadas por la aterosclerosis. Pues unas placas de ateroma se desarrollan en la túnica interna de los vasos, limitando el flujo de sangre y favoreciendo la formación de coágulos sanguíneos. Esta coagulación provoca por supuesto una interrupción de la irrigación de la zona del corazón concernida acarreando la necrosis de una parte del músculo cardíaco que se manifiesta en su mayoría por un dolor intenso y persistente llevando por fin al ataque cardíaco.

Interpretación simbólica

Esta patología proviene de un problema a nivel del cuidado del corazón. Ahora bien esta función encarna, en el aspecto simbólico, una aptitud para mantener con el otro una dinámica de unión participante. Pues el infarto del miocardio será asociado rigurosamente con una problemática de este tipo. Además, esta enfermedad proviene de una obstrucción a nivel de las arterias coronarias. Sin embargo, cada fenómeno de obstrucción está claramente asociado con un proceso de bloqueo (de rechazo de proseguir o de seguir participando). Esta patología nos parece entonces como el resultado de un rechazo de mantener con el otro una dinámica de unión participante. [160]

Pues, ¿por qué este rechazo? Pueden existir dos causas principales. En efecto, la primera podría resultar de una tendencia en la que uno ya no quiere recibir nada del otro (ni sus recursos, ni su persona), así se esforzaría a lo mejor a emanciparse de una relación demasiado oprimente (o juzgaría que ya no la merece). La segunda podría resultar del deseo que uno tiene de ya no dar nada al otro (ni su riqueza, ni su persona), juzgando que ya no vale la pena o que ya no lo merece.

Así, el infarto del miocardio nos da a conocer dos tipos de disonancias que podemos resumir de la manera siguiente: "Ya no quiero recibir nada del otro (ni sus recursos, ni su persona), esforzándome a emanciparme de una relación demasiado oprimente (o juzgando que ya no la merezco)"; y "Ya no deseo dar nada al otro (ni mi riqueza, ni mi persona) juzgando que éste ya no vale la pena o que ya no lo merece."

Además, esta patología se caracteriza por un dolor intenso y persistente a nivel del pecho. El dolor evoca claramente un estado de ataque agudo. ¿Por qué este ataque? En ambos casos, al esforzarse por ya no mantener con el otro una dinámica de intercambio o de participación, el individuo se encierra de manera peligrosa en una condición mortífera (cortándose de todos los recursos útiles para su desarrollo y del amor como experiencia de plenitud). [161]

Así, cada disonancia que asociamos antes al infarto de miocardio implica una consecuencia que podemos resumir así: "Intentando ya no entretener con el otro una dinámica de intercambio o de participación, me encierro peligrosamente en una condición mortífera separándome de sus recursos o del amor que podría darme, eso me lleva a la deficiencia y a la vacuidad interior."

Para terminar, el infarto de miocardio ataca el corazón situado en el centro del pecho. Pues, podemos deducir que las dos actitudes desvientes que le hemos atribuido podrán ser exaltadas. Por una dificultad para instaurar en su relación con el otro un medio de las matices capaz de satisfacer las necesidades de cada uno.

Enfoque terapéutico
Enfoque terapéutico del medio

El infarto de miocardio ataca el corazón situado en el centro del pecho.

Plancha que representa las zonas del cuerpo atacadas por el infarto de miocardio

Zona

Situación psico-espiritual

Tórax

Establecer en su relación con el otro el ambiente de las matices capaz de satisfacer las necesidades de cada uno.

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A partir de ahí, el enfermo en busca de una nueva armonización deberá buscar la armonización en sí de las situaciones psico-espirituales que corresponden a la zona principalmente atacada. Así el infarto de miocardio empeora porque al enfermo le cuesta trabajo construirse un medio de las matrices que sea adaptado.

Enfoque terapéutico del sistema

Sabemos que el infarto de miocardio ataca el corazón. Pues el enfermo tendrá que armonizar en sí mismo la situación psico-espiritual correspondiente.

Plancha que representa la situación psico-espiritual del sistema cardiovascular

Sistema

Situación psico-espiritual

El corazón

Acoger al otro (o los recursos que tiene) y entregarse a él (o brillar en su presencia).

[163]

Enfoque terapéutico del subsistema

A un nivel más preciso aún, el infarto de miocardio toca la circulación coronaria.

El enfermo tendrá que desarrollar en él la situación psico-espiritual que podríamos resumir así: "centrarme y dar lo que soy volviéndome así el vector privilegiado de una extraordinaria fecundidad."

[164]

En el caso en que el individuo ya no quiero recibir nada del otro, podrá utilizar la afirmación positiva siguiente: "Me centro en mí descubriendo mis necesidades fundamentales que sólo pueda satisfacer al otro."

 

Por otra parte, si ya no quiere dar al otro, se podrá formular así la afirmación positiva: "Yo doy lo que soy volviéndome el vector privilegiado de una extraordinaria fecundidad capaz de colmar las necesidades del prójimo."

 

[165]

Hipertensión arterial

Lectura simbólica
Descripción médica

La hipertensión arterial se manifiesta cuando la presión de la sangre propulsada en los tabiques de las arterias aumenta. Eso no es necesariamente patológico. En efecto, a lo largo de una actividad deportiva, el corazón tiene que eyectar más sangre en el sistema arterial a fin de satisfacer las necesidades energéticas del organismo. Por eso se contrae con más vigor y por lo tanto aumenta la presión arterial. El estrés es también una causa de hipertensión que produce la construcción de los vasos sanguíneos y por consiguiente el aumento de trabajo del corazón. Por fin, la vejez es un factor de hipertensión arterial ya que con la edad las arterias van endureciéndose, aumentando así las resistencias al flujo de la sangre hacia el organismo. Para mantener un flujo de sangre suficiente, el corazón tiene que contratarse con más vigor.

Sin embargo, la hipertensión arterial se vuelve patológica cuando la presión sanguínea en las arterias sigue siendo alta en el caso en que la persona esté descansada y relajada. Muchas veces no provoca ningún síntoma de modo que la mayoría de las veces la descubrimos con motivo de un reconocimiento de rutina. Entre las complicaciones de la hipertensión no tratada se encuentra el accidente cerebro vascular, la insuficiencia cardiaca, unas lesiones renales y una enfermedad de la retina. [166]

Interpretación simbólica

Esta patología viene de un problema al nivel del trabajo cardiaco (y más particularmente al nivel de la función sistólica). Ahora bien éste se vincula en un plan simbólico, al desarrollo de una capacidad a recibir (circulación arterial sistémica) sabiendo dar pruebas de dinamismo y energía, luchando así contra todas las fuerzas de inercia que encierran al individuo en una condición mortífera en la cual ya no acoge. La hipertensión arterial estará pues asociada a un problemática de esta clase. Todavía más, esta enfermedad resulta de un aumento del trabajo cardiaco. Ahora bien cualquier fenómeno de aumento está evidentemente asociado a un proceso de exageración. Por consiguiente esta patología nos aparece como el resultado de una tendencia a exagerar, el individuo siendo propenso a movilizar su energía de manera anormal contra las fuerzas de inercia, lo que le incita a recogerse en sí mismo, rompiendo así toda dinámica armoniosa de unión participativa con el otro.

¿Por qué esta exageración? Puede tener dos causas principales. En efecto, la primera podría provenir en el individuo de un sentimiento de incapacidad a acoger como conviene los recursos que el otro le ofrece (o darle importancia dentro de su existencia). Este sentimiento le incitaré entonces a adoptar, de manera exagerada, una actitud de apertura frente a él por lo que refiere a la segunda, bien podría resultar de una dependencia excesiva al otro o a sus recursos, el individuo intentando abrirse a él de manera exagerada. [167]

Así, la hipertensión arterial nos revela dos tipos de disonancias que podemos resumir de la manera siguiente: "Yo no me siento capaz de acoger al otro o a sus recursos de manera apropiada, cuando adopto una actitud excesiva de apertura hacia él.", y "Entreteniendo una dependencia excesiva frente al otro o a sus recursos, buscando abrirme a él de manera exagerada, yo no desarrollo una justa capacidad en afirmar mi identidad (ésta, por no haber expresada, se debilita)."

Esta patología no se acompaña a menudo de ningún síntoma. No obstante, aumenta el riesgo de accidente vascular cerebral y de numerosas otras enfermedades. Dicho de otra forma, desarrolla un terreno hostil a todo desarrollo personal y a toda experiencia de trascendencia. ¿Por qué tal situación? En la medida en que el individuo concentra todas sus fuerzas para colocarse de manera excesiva en una dinámica de apertura ante otro, él abusa de eso y se expone a distintos desórdenes que implican un debilitamiento de su organismo. Si mantiene por otra parte una dependencia excesiva frente al otro, o a sus recursos, abriéndose él de manera exagerada, no desarrollará una capacidad para afirmar su identidad (ésta, a falta de ser expresada, va decayendo.

Así, cada disonancia que hemos asociado anteriormente a la hipertensión arterial, implica una consecuencia que se resume de la siguiente manera: "Al concentrar todas mis fuerzas para colocarme en una apertura excesiva ante el otro, genero un debilitamiento general de mi organismo." ; y "Al mantener una dependencia excesiva ante el otro o a sus recursos, pretendiendo abrirme él de manera exagerada, no desarrollo una justa capacidad para afirmar mi identidad (ésta, a falta de ser expresada,  va decayendo)."

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Por fin, la hipertensión arterial ataca todo el sistema arterial. De modo que no existe ningún terreno específico favorable a su desarrollo.

Enfoque terapéutico
Enfoque terapéutico del terreno

Acabamos de decir que la hipertensión arterial ataca el sistema arterial en su conjunto. Pues, no existe aquí ningún terreno específicamente favorable a su desarrollo.

Enfoque terapéutico del sistema

Sabemos que la hipertensión arterial ataca el corazón. De modo que el enfermo tendrá que armonizar en sí la importancia capital psico-espiritual.

Tabla que explicita la situación asociada al sistema cardiovascular

Sistema

Situación psico-espiritual

El corazón

Acoger al otro (o los recursos que lleva con él) y darse a él (o lucir frente a él).

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Podría utilizar ventajosamente la afirmación positiva siguiente: "Recibo del otro y le doy (o por lo menos le expreso) lo que soy".

Enfoque terapéutico del subsistema

A un nivel todavía más preciso, la hipertensión arterial ataca la función sistólica del corazón.

Le ruegan al enfermo que desarrolle en sí el aspecto psico-espiritual que podría resumirse así: "Ponerme en mis adentros y lucir lo que soy sabiendo a la vez implicarme con fuerza, liberándome de cualquiera inercia mortífera."

En el caso en que una persona reúne todas sus fuerzas para colocarse de una manera excesiva en una actitud de apertura frente al otro, podía ventajosamente utilizar la afirmación positiva siguiente: "Yo me centro en lo que soy sabiendo a la vez implicarme con fuerza, liberándome de cualquiera inercia mortífera."

Si la persona entretiene una dependencia excesiva frente al otro o a sus recursos, buscando abrirse a él de manera exagerada, la afirmación positiva bien podría ser formulada de la manera siguiente: "yo me centro y brillo con lo que soy sabiendo a la vez implicarme con fuerza, liberándome de cualquiera inercia mortífera."